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12 de febrero a
mediados de marzo de 2026

Linde y paisaje

por Rafael Garrido

Todas las distancias posibles desde la superficie. Una reflexión personal acerca de la obra de Rafael Garrido. 


En un verano tórrido (casi un oxímoron, pues todos tienden a serlo, pero quizá ahora un poco más por todo aquello que ya sabemos y podemos creer o no, según algunos), tiendo a observar, sobre todo al salir de casa, cómo mi piel reacciona al calor y al sol. El sudor, el picor en las partes tatuadas de mi cuerpo, el tacto de los pies sobre el suelo —calzado o no— rezuman un sopor que invade todo el espacio corporal. Quizá mi ADN cordobés acepte con cierta naturalidad que el terreno y ciertos momentos del día son hostiles para simplemente ponerse bajo el cielo, aunque en cierto modo “se aguanta” , sin parar de  repetir que es “insoportable”.


Mi piel no es la misma que hace veinte años. Observo desde cerca, en el espejo, marcas que ya atisban el paso del tiempo, que, aunque aún no hacen una mella que me haga temer a ese “yo” mayor, me demuestran que ya poseo huellas de mi paso por el mundo. Están en los poros, en las imperfecciones, las cicatrices, las nuevas canas, el propio gesto que se va endureciendo.


Casi como tierra o barro, siento que se moldea según el modo de vida, la actividad o el simple hecho de esperar y ver cómo todo va cambiando. Desde cualquier distancia, la superficie de algo no es más que el estrato superior de algo oculto, con la diferencia de que atravesarla o no devuelve distintas consecuencias. Yo soy esa imagen, y esa cobertura porto.


Lo superficial, como concepto, no necesariamente alude a su acepción como algo sin solidez o sustancia. Pensemos en la tensión superficial del agua del mar y la profundidad que alberga. Pensemos en la tierra junto a un árbol que explora el subsuelo en un laberinto exquisito de raíces que extraen alimento. Volvamos a pensar en la piel y en su aparente debilidad, siendo el órgano más extenso del cuerpo. Lo relativo a la superficie, a lo externo, dota de tanta identidad e importancia como el interior a lo sustancial u oculto.


Rafael Garrido explora todas las tensiones entre ser y territorio a través de las cargas conceptuales de sus superficies: carne y tierra, piel y hormigón, tacto y corteza. Terreno y cuerpo como portadores de huellas; cuerpo y terreno como actores que dejan huella. En una estrategia brillante, Rafael, desde el juego con las escalas macro y micro, reproduce y explora las texturas que el territorio proporciona (en este caso, Alcaraz, lugar de la residencia), y una observación casi científica sobre la piel son extrapoladas a modo de tapices, objetos de valor artístico que, a través del tejido y la textura, cubren paredes o suelos desde el antiguo Egipto Como textiles, son los que nos cubren, abrigan y protegen.


En una práctica cercana a lo instalativo, el terreno expandido que defendiera Rosalind Krauss como aquello que necesita salir de su propio marco, y lo inmaterial desde el escaneado 3D, que además de proceso preparatorio propone resultados finales como estudios de campo que se sostienen como obra en un tacto imposible, Rafael habla no solo de la textura, sino de cómo lo somos nosotros en relación con lo que nos rodea, y cómo todo lo que nos rodea es un ruido táctil que otorga identidad y capacidad de cognición a un
lugar.


Cuerpo y lugar unidos en un paisaje expandido, en el que el pelo, la vena, la veta o la grieta aparecen desde el plano del dibujo a través del bordado, la representación fotográfica y la propia técnica escultórica, haciendo uso de la tecnología actual junto al trabajo y oficio tradicional. Esto es: habitando, desde la práctica y la reflexión, el mundo que le rodea.


Si recordamos el trucaje de cámara en el brillante clásico de la ciencia ficción El increíble hombre menguante (1957), de Jack Arnold, en torno a la novela de Richard Matheson, su protagonista, Scott, menguaba día a día tras un extraño fenómeno al atravesar una nube en el mar, disminuyendo tanto su tamaño que el propio espacio del hogar se convertía —ni no primero— en un nuevo territorio a descubrir desde una mirada que ya no podía abarcar una habitación, hasta un peligro en el que ser atacado por un gato o simplemente subir una escalera se volvía un desafío extremo. La tecnología del momento nos hizo pensar en un nuevo mundo y una nueva escala para los objetos, en el que, una vez más, lo superficial
escondía una nueva realidad con un simple ejercicio de pensamiento. El cuerpo y el espacio ahora estaban en desventaja, y el que dejaba huella en el espacio pasaba a ser devorado por él.


En definitiva, una interrogación constante en el arte contemporáneo y sus herramientas, y en la obra de Garrido: ¿quién soy?, ¿qué espacio habitamos?, ¿quiénes somos?, ¿y en relación con qué? Si atendemos a la última reflexión del personaje: “Si la naturaleza existe en niveles infinitos, también existirá la inteligencia”, podemos comprender que toda esta suma de texturas y reflexiones entre sus relaciones son una obligación si de verdad queremos estar en el mundo.

 

Rafael Jiménez, artista y comisario
 

La investigación de Rafa se articula en torno al cuerpo, la carne, la identidad, la tecnología y el entorno, poniendo el foco en las relaciones que se generan entre estos conceptos. Su práctica explora nuevos materiales y formas de representación dentro del ámbito plástico, instalativo y audiovisual.

Con un marcado interés por la anatomía, la antropología y el diálogo entre lo virtual y lo matérico, su trabajo busca establecer vínculos estrechos entre la obra, el espectador y el espacio que habitan. La piel y la carnalidad funcionan como catalizadores objetuales que propician experiencias híbridas, situadas entre lo sublime y lo inquietante, invitando al individuo a reflexionar sobre sí mismo y su contexto.

La transformación, la identidad —tanto individual como colectiva—, el paisaje social, así como los procesos de muda y desprendimiento, constituyen ejes fundamentales de su producción. Estos conceptos se materializan en piezas gráficas e instalativas que combinan disciplinas analógicas y tecnológicas.

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