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12 de febrero al 31 de marzo de 2026

Tejido y linde
por Rafa Garrido

De igual forma que las fibras de un hilo se entrelazan entre sí formando espirales e intrincados nudos, el terreno se retuerce y ondea, formando sus propios valles y marcando sus propias lindes. Entre la piel y el terreno se entretejen realidades silenciosas que configuran superficies sensibles, territorios atravesados por tensiones, cicatrices y huellas. Tejido y linde propone el tapiz como lugar de encuentro entre dimensiones: puerta, ventana y membrana que hace visible la condición textil tanto del cuerpo como de la geografía.

La piel es nuestro primer límite. No sólo envuelve, también registra: guarda marcas, pliegues, heridas y rastros del tiempo. Es frontera y es archivo. Del mismo modo, el terreno se presenta como una epidermis expandida y codificada, surcada por líneas, parcelada por lindes y erosionada por fuerzas visibles e invisibles. La cartografía y la anatomía comparten así un mismo gesto: el de trazar, delimitar y describir superficies vivas.

El tapiz se presenta como mediador material y conceptual ante la necesidad de aproximación entre carne y tierra. Tejer, trazar y entrelazar se convierten en la tónica perfecta para la construcción de dispositivos híbridos generados a partir del hilo. Cada trama funciona como una metáfora de la piel: una estructura flexible y fractal que se adapta, se tensa y se repara. En estas piezas, el hilo se convierte en línea topográfica y en sutura. Las texturas tienden puentes tanto entre la porosidad de la dermis como la rugosidad del suelo. Lo orgánico y lo cartográfico, en sus distintas densidades, se entrelazan hasta volverse indistinguibles. Así, la linde no se entiende como separación rígida, sino como zona de contacto: un espacio donde los límites se desdibujan y se transforman en lugares de intercambio.

Tejido y linde invita a pensar la superficie no como algo plano o pasivo, sino como un campo activo de inscripción en continuo cambio y evolución: un terreno y un cuerpo que no nos pertenecen del todo, aun cuando creemos ser sus poseedores.

Rafael Garrido (Pozoblanco, Córdoba) es escultor y diseñador de protésica y desarrolla actualmente su práctica en Sevilla. Allí combina la creación artística con la investigación material, profundizando en las posibilidades de la protésica como emulación de la piel humana y explorando sus dimensiones simbólicas y creativas.

 

 

Gran parte de las piezas —tapices de gran formato concebidos como instalaciones— nacen de la observación directa del entorno natural de Alcaraz, donde el artista desarrolló parte del proyecto. Lejos del ritmo urbano, el proceso creativo adoptó otra temporalidad: la lentitud, la repetición y la contemplación se convirtieron en elementos centrales del trabajo, en contraste con la aceleración de la vida contemporánea.

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