Rafael Garrido convierte la piel en paisaje en “Tejido y linde”, su exposición en NAVEL
- EQUIPO NAVEL ART
- 17 feb
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«Observo de cerca, frente al espejo, las marcas que empiezan a aparecer con el tiempo. No son todavía señales que asusten, pero sí pruebas de que el cuerpo guarda memoria de todo lo vivido». Desde esa imagen íntima y cotidiana, el artista y comisario Rafa Jiménez se acerca a la obra de Rafael Garrido, cuya exposición Tejido y linde puede verse en NAVEL. El proyecto propone una mirada pausada sobre la relación entre el cuerpo y el territorio a través del textil, la escultura y la investigación material, reuniendo trabajos desarrollados a partir de la residencia artística Alumbra Rural.
Más que hablar de superficies como algo superficial, la exposición las entiende como lugares donde se acumulan experiencias. Garrido trabaja precisamente en ese límite donde se encuentran la carne y la tierra, pensando el cuerpo y el paisaje como realidades que se afectan mutuamente y que conservan las huellas del tiempo. La piel aparece entonces como frontera y como punto de contacto, una metáfora desde la que preguntarse quiénes somos y cómo habitamos lo que nos rodea.
Muchas de las piezas —tapices de gran formato a modo de instalaciín— nacen de la observación directa del entorno natural de Alcaraz, donde el artista desarrolló parte del proyecto. Allí, lejos del ritmo urbano, el proceso creativo cambió de velocidad: la lentitud, la repetición y la contemplación pasaron a ocupar el centro del trabajo, en contraste con la aceleración constante de la vida contemporánea.
Para Garrido, crear tiene que ver precisamente con ese tiempo expandido. Bordar, coser o repetir un gesto deja de ser solo un medio y se convierte casi en un ritual. En Capilares, por ejemplo, el paisaje se transforma en una red textil que recuerda tanto a caminos como a venas, conectando el movimiento del cuerpo con el del territorio. En El Cuerpo, un gran tapiz de tejidos abullonados y desgarrados evoca una piel enorme, incómoda y frágil a la vez, que invita a mirar de frente aquello que normalmente evitamos.
El proyecto combina oficios tradicionales con herramientas contemporáneas, como el escaneado tridimensional o el análisis minucioso de texturas. Jiménez relaciona esta forma de trabajar con la idea del “campo expandido” desarrollada por Rosalind Krauss, donde la obra deja de limitarse a una disciplina concreta para convertirse en una experiencia espacial.
La exposición también juega con las escalas y con la percepción. Rafa Jiménez, quien comisario para Alumbra, recuerda la película El increíble hombre menguante, dirigida por Jack Arnold a partir de la novela de Richard Matheson, para explicar cómo un cambio de proporción puede convertir lo cotidiano en un territorio desconocido. Algo similar ocurre aquí: una grieta, un poro o una veta se expanden hasta convertirse en paisaje.
Más allá de las piezas, Tejido y linde funciona como una invitación a detenerse. A pensar qué significa habitar un lugar y cómo el entorno deja marca en nosotros. Para el artista, la piel es un tejido identitario que conecta cuerpo y espacio, y el tiempo lento del trabajo manual abre la posibilidad de volver a mirar —y a sentir— con más atención. En ese gesto sencillo, casi silencioso, la exposición encuentra su verdadera fuerza.






